Tropa de élite muestra, al estilo de Ciudad de Dios, el mundo de delincuencia y corrupción de las favelas de Río de Janeiro, esta vez desde la perspectiva de un cuerpo especial de la policía dedicado a operar exclusivamente en los altercados que allí se producen y en las situaciones de extrema violencia.
Como película pasa por ser lo suficientemente interesante y entretenida como para cederle dos horas de nuestra vida, pero es lo que cuenta y cómo lo cuenta lo que obliga a una mínima reflexión: afronta la hipocresía de la que muchos de nosotros, ajenos a esa marginalidad, hacemos gala cuando hablamos de preocuparnos por una sociedad mejor mientras legitimamos, con nuestro consumo de drogas, la violencia y vejaciones que nos permiten disfrutar de ellas.Tropa de élite no deja títere con cabeza: desde la progresía barata y falsa de una ONG colaboracionista hasta la corrupción policial pasando por el fascismo institucional, sin generalizar, pero metiendo el dedo en la llaga.
Es sólo una película para divertirse frente a la pantalla , pero se agradece que cuente un tema como el que trata lejos de demagogia de cualquier tipo y que captenuestros pensamientos aunque sólo sea para reflexionar un momento.